En el mundo del tenis siempre he tenido un icono, un jugador por el cual he sentido una gran admiración. Este no es otro que el suizo Roger Federer. El de Basilea nació el 8 de agosto de 1981, hijo de Robert Federer y Lynette. Desde pequeño practicó muchos deportes pero acabo optando por el que tantas alegrías le ha dado.
Con tan solo 17 años, en 1998 Roger se estrenaba en el circuito profesional tras haber acabado como número uno del mundo en categoría juvenil. Su estreno iba a ser en un torneo disputado en su país natal pero en la ciudad de Gstaad. No iba a tener suerte en su primer encuentro, cayendo derrotado frente a Lucas Arnold por 6-4 6-4. Las dos siguientes temporadas no iban a ser del todo fáciles para Roger, el cual iba a tener problemas para entrar en los cuadros finales de los principales torneos. Iba a ser en 2001 con tan solo 19 años y en Wimbledon, la cuna del tenis, donde iba a dar un golpe sobre la mesa derrotando al ganador de las últimas cuatro ediciones del torneo, Pete Sampras, tras cinco horas de partido. A partir de aquí, Federer iba a continuar explotando hasta que en 2004 iba a por fin ser número uno del mundo. En su época liderando el ranking mundial iba a ganar todo tipo de campeonatos como el Abierto de Australia en tres ocasiones, Wimbledon en cuatro ocasiones o el US Open cuatro veces.
Iba a pasar menos de un año hasta que recuperaría el trono en lo más alto de la ATP, que se lo había arrebatado el tenista español Rafa Nadal. Pese a haber estado como número dos, Roger había continuado decorando su vitrina ese año, ganando tres de los cuatro Grand Slams en los cuales había participado ese año y perdiendo en el set definitivo de la final del cuarto grande.
Allá por 2010 apareció otra grandísimo tenista que le iba a arrebatar el número uno y que no le iba a dejar estar en el trono nunca más; Novak Djokovic. Desde entonces, Nole y Nadal se han ido alternando el número uno y hoy es el día en el que Roger está en el puesto número 7. Muchos piden su retirada a gritos pero los federistas aún tenemos fe en que siga dando guerra.
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