Un caso relevante
en un deporte como este, un caso que realmente me haya impactado, es de suponer
que tendrá que ver con la muerte. Gracias a Dios no es ningún familiar ni
conocido mío. Pero lo vi con mis propios
ojos aunque no estuviera allí.
Si no recuerdo
mal fue en marzo del año pasado, siguiendo por la televisión la Copa del Mundo
de Skicross. Por casualidad, puro zapping, lo encontré. Mire las semifinales,
que me gustaron tanto que decidí hacer un hueco en mi apretada agenda para
mirar la final de este peligroso y intrépido deporte, que llena de adrenalina hasta
a los telespectadores. Realmente no me acuerdo de que países competían, pero me
acuerdo de una cosa. Un nombre, un nombre que se me quedo grabado para siempre:
Nick Zoricic.
Este hombre, que
representaba a Canadá en Grindelwald (Suiza), cuando apenas estaba a 5 segundos de
la meta, salto apurando un poco por el lateral, supongo que para adelantar en
la recta final, ya que iba tercero. Chocó contra la red de seguridad, al principio no parecía que le hubiera pasado nada, pensé
que como mucho se habría roto una pierna.
Pero no respondía, creía que estaría en estado de shock, pero tampoco. Nick
Zoricic estaba muerto, se había roto el cuello al chocar contra la "valla de seguridad". Aparte de apenarme mucho por él y su familia. Eso me dio
mucho que pensar. Me di cuenta que al esquí le dicen deporte de riesgo por
algo, y lo continua siendo por mucho que nos compremos un casco o protecciones interiores. Eso aumenta la posibilidad de que el golpe no sea mortal pero no la
elimina.
Bruno Mateo Marcó

No hay comentarios:
Publicar un comentario